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«Queremos una unidad sobre la base de las luchas que compartimos, de un proyecto político de la clase trabajadora, que no quiere decir de un proyecto de partido»

yaskyD¡scurso de Hugo Yasky en el Plenario Nacional de la CTA.

Gracias compañeras, compañeros, por esta fuerza militante, esta convicción, esta presencia de todos ustedes!

Todos sabemos que este es un momento muy importante. Estamos en una de esas encrucijadas de la historia donde, por muchos motivos, este plenario nacional es el que inicia el camino hacia la elección del 18 de noviembre que va a cerrar definitivamente esa herida que se abrió en el momento en el cual la denuncia del fraude por un tribunal autónomo, después a la Justicia con un fallo a favor nuestro; a la Corte Suprema y, finalmente, cuando la Corte se iba a expedir, el desistimiento del sector que encabezó Pablo Micheli. Eso que fue resuelto por los jueces tiene que ser resuelto por el único juez que nosotros reconocemos en la construcción de la organización de la clase trabajadora y ese juez, al que nosotros nos queremos someter de manera democrática, transparente, limpia, es el juez colectivo, es el juez del que emana cada uno de nuestros mandatos; es el juez que le da sentido a estar acá y me refiero a la clase trabajadora y a las compañeras y compañeros afiliados a la CTA que son los que tienen que votar el 18 de noviembre.

Pero esto se da en un momento particularmente complejo de nuestro país. En esa encrucijada de la historia donde, de pronto, las contradicciones que viven los trabajadores frente a las clases dominantes se ponen al rojo vivo.

Porque en la Argentina de hoy hay una divisoria de aguas que no se puede soslayar y es: Patria o buitres.

Para nosotros no hay opción. Si somos clase trabajadora somos Patria. No somos colonia, somos una nación que quiere vivir de pie, dignamente, distribuyendo las riquezas entre los que menos tienen.

Y estamos en medio de esa disputa. En el día de ayer, contamos con la presencia de las centrales sindicales de los países donde estamos llevando adelante procesos con gobiernos populares. Como decía Emir Sader, gobiernos populares, que entre sí tienen diferencias, pero que tienen algunas líneas en común que los ponen en una nueva ruta de América Latina: haber privilegiado la agenda social. Todos los gobiernos populares democráticos de América Latina, ponen por encima del recorte, por encima del pago de las obligaciones externas, por encima de la aseguración de la rentabilidad para los grupos empresarios, el tema de la distribución de la riqueza y la agenda social. Salir de la pobreza y salir del retraso es el norte de estos gobiernos.

Estos gobiernos plantean otra cuestión en común: la búsqueda de una integración que no signifique subordinarse bilateralmente al imperialismo yanqui. Hay muchos, sobre todo muchos gurúes de la economía, como les llaman ahora, muchos políticos de la derecha, muchos intelectuales, que desvarían con un posmodernismo que, en realidad, por más que lo hayan escrito, nunca existió, que cuando escuchan hablar de imperialismo yanqui dicen “Bueno, pero esas son categorías de museo, ya fue, ya pasó”.

Nosotros sabemos, porque lo vivimos en carne propia en la década del 90 y antes con la dictadura genocida, que el imperialismo yanqui es una realidad.

El juez Griesa, los fondos buitres, el Fondo Monetario Internacional, la Angela Merkel, forman parte de una casta dominante, que pretende ser la que le dé sentido y que ordene y discipline la globalización. Y la globalización, así como está planteada para satisfacer la voracidad del capital financiero, va en contra de los pueblos.

Ayer nos decía Emir Sader, con toda claridad, que no pueden subsistir al mismo tiempo la supremacía del capital financiero, con la producción, el trabajo y la distribución de la riqueza. Y en esta disputa, estos gobiernos tienen una línea en común: la integración y la unidad de los iguales en América Latina. Nadie se salva solo. Hoy la Argentina requiere, precisa, para esta desigual pelea que tiene con los fondos buitres y con el capital financiero, de la solidaridad de las naciones de América Latina.

Podríamos esperar más o menos un siglo que esa solidaridad viniera de las cámaras empresarias de los países de América Latina, podíamos sentarnos a esperar eternamente que los sojeros de América Latina se unieran para solidarizarse con la Argentina. Pero no tuvimos que esperar ni una semana para que las centrales sindicales de América Latina, estuvieran con nosotros, de pie, junto a todos los argentinos, porque la causa de nuestro pueblo es la causa de América Latina.

Nosotros agradecemos este pronunciamiento. Agradecemos esta definición. Que haya estado ayer entre nosotros el compañero Joao Felicio, presidente recién electo de la Confederación Sindical Internacional, es un gesto que nosotros agradecemos. No es un gesto menor. Y agradecemos la presencia del compañero Quispe, de la Federación Sindical Mundial. Para nosotros el internacionalismo es eso. Es la construcción de lazos de unidad que nos hermanan no solamente en las demandas que defendemos, que nos hermanan en los horizontes políticos. Hoy América Latina tiene una posibilidad que quizá no la tuvo hace 200 años: es la posibilidad de construir una unidad, que nos permita existir en este mundo, donde los poderosos ordenan las piezas como si fuera un ajedrez, en el que nosotros, los pueblos de América Latina, somos apenas los peones, las fichas que se caen cuando ellos juegan. Necesitamos reafirmar este camino. Por eso agradecemos esta presencia.

Sabemos que en nuestro país el objetivo es consolidar la democracia, de consolidar la distribución de la riqueza y avanzar con un país que no tenga el tutelaje económico del Fondo Monetario Internacional; de avanzar en un país donde no tengamos que estar generando y destruyendo puestos de trabajo, según le convenga a los grupos empresarios. Un país que se ordene a partir de la construcción de la demanda interna, mercado interno con trabajadores con salarios dignos. Donde no tengamos que seguir aceptando la explotación de la forma inhumana que se produce todavía en muchas provincias del país, el trabajo en los sectores rurales. Un país en el que, definitivamente, la democracia se sustente en la distribución de la riqueza. Ese país es incompatible con el país que quieren las clases dominantes, con el que quiere la Sociedad Rural. Incompatible con el país que quieren las corporaciones industriales, los grandes grupos mediáticos.

La Argentina tiene cuarenta millones de habitantes. Ellos quieren una Argentina con veinte millones de consumidores y veinte millones de excluidos sociales. La clase trabajadora está de pie, para demostrar que no va a haber en este país veinte millones que se queden afuera, para que ellos se llenen los bolsillos, como hicieron siempre a costa de los más débiles.

Esta es la disputa, esta es la lucha. La lucha en la que nosotros estamos. Por supuesto que tenemos reivindicaciones concretas; por supuesto que hoy, cuando estuvimos con el ministro de Trabajo, antes de empezar, en un diálogo con las centrales internacionales, y le entregamos la declaración que suscribimos ayer, que es muy clara, que condena a los fondos buitres, que habla de la necesidad de pararle la mano a los especuladores financieros porque hoy es en la Argentina, pero mañana va a ser en Venezuela, o puede ser Uruguay, Nicaragua, o el que elijan porque van buscando el eslabón más débil. Ellos necesitan terminar con los gobiernos populares. Porque esos gobiernos populares, por más que tengan diferencias, entre sí, no se manejan con control remoto. Se acabó en el sur de América Latina el tiempo en que un empresario yanki levantaba un teléfono y se meaban encima los ministros de Economía. Ayer tuvimos un ministro de Economía, que vino a un plenario internacional de una central de trabajadores, a saludar a los trabajadores.

No podía dejar de acordarme de dos fotos, que con diferencia de 24 horas, mostraron a un ex ministro de Economía, escondido detrás de un escritorio, cuerpo a tierra, que es una posición que le sienta cómoda, porque se arrastró mucho tiempo delante de los yanquis, y no podía dejar de confrontarla con la foto de ayer, con otro ministro de Economía en una asamblea de trabajadores, con representantes de las centrales sindicales más consustanciadas con la lucha de los trabajadores, y en un centro estudiantil, como es la Facultad de Ciencias Sociales. Normalmente un ministro de Economía ni se arrimaba. Daba la vuelta una manzana más lejos. Éste entró, recibió la adhesión, saludó y reafirmó el compromiso de seguir peleando para defender la soberanía.

Yo digo, los grandes hombres de la economía, los dueños del poder económico, pueden ver estas imágenes y deben pensar que están en una pesadilla. Dicen, cómo puede ser que un ministro de Economía en vez de ir a reunirse con ellos, en vez de ir de rodillas a pedir perdón por lo que está haciendo la Argentina, que es ni más ni menos que defender su soberanía, y la dignidad de su pueblo, cómo puede ser que vaya a una asamblea de trabajadores. Cómo puede ser que un ministro de Economía le atienda el teléfono directamente al secretario general de una central y no le atienda el teléfono al dueño de una corporación mediática.

Y estas cosas son las que ellos no soportan. Quieren tener gobiernos y presidentes que sean títeres; títeres del poder económico, de las corporaciones, de los dueños de los grandes multimedios. Y quieren que su programa de gobierno sea el que se aplique. El presidente de la UIA, que tendría que ser el más cercano a este gobierno, porque es el presidente de la unión de los industriales de la Argentina. Uno supone que quizá el representante de los terratenientes y de los sojeros, tenga intereses más alejados; sin embargo este personaje está pidiendo la devaluación del peso. Está diciendo que otra vez tenemos el cambio atrasado. Y si uno devalúa el peso, sabe que inmediatamente lo que se produce es una licuación del ingreso de los trabajadores. Y lo que sale de un lado no es que desaparece; lo que sale del bolsillo nuestro va a parar a otro lado, y es a la cuenta de los capitalistas. Ellos quieren que haya transferencia de ingreso de los que menos tenemos a los que más tienen. Quieren que la transferencia sea de abajo para arriba. Y nosotros queremos que la transferencia del ingreso sea al revés. A esa minoría que es la que más tiene, hay que sacarle para darles a los que están abajo.

Por eso, nosotros proponemos en este programa que vamos a aprobar hoy, que lo vamos a ir discutiendo por todo el país, en asambleas que haremos en cada localidad, para convertir las elecciones en un ejercicio político militante. Para crecer en conciencia, para crecer en el debate, para que no sea poner la “caripela” de cuatro o cinco dirigentes en la televisión. Para que no tengamos que ir a recorrer los sets de televisión, para que nuestro tiempo lo consuma como dirigentes tener que ponernos al frente de las asambleas. Yo quiero ver cuántos dirigentes sindicales, de los que se dicen combativos, son capaces de entrar a las asambleas sin la patota, sin los matones, como hace poco pasó en ATE, en Capital Federal, donde a los que querían entrar, a donde estaba Micheli, simplemente le rompían la cara a trompadas.

Nosotros queremos construir en este debate un posicionamiento político de la Central.
Esto no significa negar las demandas. Hoy en este saludo, con el ministro de Trabajo, le entregamos la carpeta con el pronunciamiento, pero le decíamos: ésta pesa más que la del ministro de Economía, aquí adentro estamos peleando y pidiendo, que el Consejo del Salario no se reúna un día al año y empiece a funcionar de una vez por todas de manera permanente. Hay que generar este ámbito tripartito para que la principal lucha que tenemos, que es defender la ocupación, se pueda desarrollar teniendo a los empresarios enfrente, sentados a la misma mesa y hay que señalar caso por caso, cada suspensión, cada pérdida de trabajo, cada despido, para que no puedan hacernos retroceder en el nivel de ocupación.

Y esto, compañeros, hoy es el tema central. Si nosotros no somos fuertes en la pulseada con los empresarios y los empresarios logran que la desocupación llegue al 8, al 9, al 10%, vamos a estar viendo caer nuestro salario. Los empresarios le cuestionan a estos gobiernos populares, “el populismo”. Ellos dicen hay que dejar que la mano invisible del mercado sea la que ordene las cosas. Si hay desocupación no hay que disimularla con políticas sociales, no hay que ir a subsidiar el empleo para evitar el despido, hay que dejar que sobrevenga el despido. Porque si llegamos a una desocupación de dos dígitos nos van a estar esperando en las paritarias con el cuchillo entre los dientes, porque ellos saben que aunque uno tenga muchas convicciones, cuando va a discutir salario con una fila de desocupados en la calle empieza perdiendo desde el primer momento. Para que el nivel de la paritaria se sostenga hay que sostener el nivel de ocupación. Y si hay dirigentes sindicales que esto no lo ven, es porque están expresando la posición de esas patronales.

Porque acá, entre nosotros, tenemos que hablar claro. A mí me llaman la atención los dirigentes sindicales que son combativos pero que nunca se les cae ni media frase en contra de las patronales. Son combativos para pegarle a un gobierno popular. Ahora, cuando van a discutir con las patronales, parecen Caperucita Roja, antes de que el lobo la encontrara en el bosque. Entonces, compañeros, vamos a sacarnos un poco la careta. Vamos a hablar de qué es la lucha de clases. A ver si se piensan que la lucha de clases es putear todos los días a un gobierno popular y democrático.

Y acá hay que sincerar para que a nuestros propios compañeros y compañeras trabajadores no les vendan espejitos de colores. Porque hay algunos que son encantadores de serpientes. Yo no puedo dejar de asombrarme cuando veo que un Luis Barrionuevo, que fue parte de todos los negociados del menemismo, que se convirtió en empresario, que hoy es empresario, pero a la vez dice que es sindicalista, tan combativo, justo en la semana en que el juez Griesa quiere poner contra las cuerdas al gobierno argentino, justo en la semana en que la UIA pide devaluación; justo en la semana en que empiezan otra vez a apostar al dólar paralelo; justo esta semana, esta gente que se entregó al menemismo, se convierte de buenas a primeras en combativos. Entonces compañeros, hay que desconfiar, hay que revisar esa cuenta porque algún número anda mal, alguno está jugando para la desestabilización, alguno está jugando para generar condiciones que debiliten y erosionen este gobierno. Porque no les alcanza con que este gobierno pueda perder las futuras elecciones. No les alcanza porque saben que al mes, a los dos meses, a los tres meses, la Argentina va a ser ingobernable para ellos. Cuando nos quieran poner la mano encima sobre lo que hemos conquistado, se les va a hacer ingobernable, y entonces necesitan voltearlo al gobierno antes de que termine el mandato. Y hay que decirlo con todo el dolor del alma pero hay dirigentes sindicales, que al haberse travestido en empresarios, que al haber empezado a manejarse con las cotizaciones de la bolsa, y a tener acciones, que han invertido en los fondos que se depositan en los paraísos fiscales, empiezan a pensar distinto, aunque se pongan una campera, aunque salgan en una foto, recorriendo algún lugar de trabajo. Pero no se puede en un mismo cuerpo, en un mismo corazón, en una misma persona, en un mismo cerebro, ser empresario y ser sindicalista. Algo anda mal. Y lo que anda mal es que los trabajadores no pueden estar representados por quienes asumen esa doble condición.

Si algo nos enorgullece de esta CTA -y una vez se lo dijimos a la Presidenta de la Nación en una reunión que fue por algunos momentos ríspida; porque eso también pasa, porque faltan muchas cosas, porque hay otras que tienen que venir antes, porque hay otras que tienen que ver con nuestra clase, que el gobierno puede o no asumir- si algo nos enorgullece eso es la autonomía. La autonomía no es ser opositor de los gobiernos populares y democráticos, ser opositor en Venezuela al gobierno de Maduro; en Brasil a Dilma; Mujica, comandante Ortega, y así con todos ellos. Si eso es autonomía, evidentemente, no es la autonomía de los trabajadores sino la de las clases dominantes. Entonces, muchachos, la autonomía es ida y vuelta.

Hay dos grandes hombres que lo reseñaron en un renglón. Tosco dijo, el gran Agustín Tosco dijo: la clase obrera no nació para ser furgón de cola de los capitalistas; la clase obrera no nació para ir atrás de la Sociedad Rural, Magnetto, los Mitre, atrás de los industriales. La clase obrera tiene su propio horizonte, y lo puede construir si lucha. Sin lucha no lo construye.

Y lo dijo otro grande, Germán Abdala. Yo no puedo dejar de pensarlo cada vez que estoy en un plenario, porque sé que Germán estaría acá. Germán dijo con esa claridad que tenía, que si alguna vez estamos parados en la misma vereda que la Sociedad Rural, que los grandes industriales, es porque la jodimos: estamos traicionando a nuestros compañeros y eso no lo podemos permitir.

Y de eso se trata. Hoy me decían los periodistas que hay un paro convocado para esta semana, por Benegas, Moyano, Barrionuevo. Y hay que diferenciar dos cosas. Una cosa es esa cúpula dirigente empresarial, una cosa es ese empresariado, y otra cosa son los trabajadores. Primero, ellos toman algunas demandas que son justas. Han acomodado sus demandas a lo que ha sido el planteo nuestro. Ellos pedían lisa y llanamente la eliminación del impuesto a las ganancias, y nosotros salimos a decirles piedra libre: atrás de esa demanda están los empresarios que quieren dejar de pagar impuesto a las ganancias, que significa mucho dinero, para eliminar algo que es absolutamente justo pero para los que tienen la guita. Ellos dicen, nosotros queremos deducir de los impuestos a las ganancias, la inflación de los balances y eso es una demanda, que significaría que ese impuesto perdiera cientos, miles de millones de pesos, que es la plata que tienen que poner los empresarios.

Nosotros dijimos hay que modificar el impuesto a las ganancias, hay que cambiar las alícuotas, hay que cambiar las escalas, hay que hacer que la pendiente sea más suave, para que realmente lo paguen los que más tienen. Hoy leí que ellos dicen que hay que modificar el impuesto a las ganancias. Es bueno, quiere decir que en el debate tienen que ir retrocediendo, de la eliminación lisa y llana, que conviene a los empresarios, a esta nueva posición. Está claro que siendo el centro de nuestra preocupación el sostener los niveles de ocupación, que hay que tratar de cerrarle el camino a los empresarios para que aprovechen situaciones en la que rápidamente provocan y despiden gente, siendo nuestra principal demanda, sostener el avance contra el trabajo no registrado, siendo nuestra principal demanda elevar, como lo vamos a pedir en el Consejo del Salario, el ingreso de los que menos tienen. En ese escenario y con la embestida de los fondos buitres, convocar a un paro es pretender llevar a la clase trabajadora a pelear contra sus propios intereses.

Si alguien quiere entender los piquitos que el otro día se daba Micheli con Massa; si alguien quiere entender qué hay detrás de esa foto, hay esto. Es el planteo de la derecha que trata de horadar la sustentabilidad de un gobierno popular. Porque no hay gobierno popular que se sostenga sin el apoyo de los trabajadores. Esto, incluso, a veces le cuesta entender al propio gobierno. Porque también hay que decirlo: los gobiernos populares y democráticos tienen que abrirse más a esa alianza con los trabajadores, y es necesario para fortalecer el proceso de lucha. No hay posibilidad de que se profundice el proceso de transformación si no hay una alianza fuerte entre los gobiernos populares y democráticos que en todos los países de América Latina van poniendo la agenda de los cambios y democráticos. Si vos ponés una agenda de cambios, inmediatamente se va a generar un frente de reacción para parar esos cambios y ese frente de reacción, en el que van a estar los empresarios, los terratenientes, los sectores de la clase media alta que por ahí un día agarran la cacerola, no puede tener a los trabajadores ahí y la tarea de los que hoy convocan al paro es ésa. Es vaciar este proceso de la presencia de protagonismo y el apoyo de los trabajadores. Y los gobiernos populares tienen que entender que hay que abrir más las puertas, que hay que escuchar más. Que hay que incorporar en la agenda de los cambios las cuestiones que planteamos los trabajadores. Que la única alianza posible para que esto se sostenga y se profundice, es la alianza con la clase trabajadora de todos los países de America Latina. No hay cambio si la clase trabajadora de América Latina no está en el centro de la discusión.

Y en esto nosotros jugamos mucho. La CTA no pretende ser un elemento de división en el movimiento obrero ni entre los trabajadores. Jamás nos lo propusimos así. Tenemos respeto por muchos compañeros que están en la CGT. Esta casa, en la que estamos ahora, con toda la hospitalidad, es de un sindicato que tiene la particularidad que su secretario general, un gran compañero de lucha, Osvaldo Iadarola, a quien le agradecemos esta posibilidad, está en la CGT y el compañero adjunto, Claudio Marín, adjunto del mismo gremio, está en la CTA. Este es un caso atípico. Ojalá algún día podamos hablar de la construcción de la unidad que represente un paso superior al que hoy tenemos como CTA.

Pero esa unidad no va a surgir porque sería frustrante, sería traicionar nuestros principios, a nosotros, cuando vemos que dirigentes que están en distintas CGT anuncian que se van a cohesionar detrás de la Mesa Massa Presidente. O cuando dicen que lo pueden llegar a hacer detrás de otro candidato a presidente, se habla de la Mesa Scioli Presidente. Eso no es unidad de los trabajadores. Queremos una unidad que se construya sobre la base de las luchas que compartimos, de un proyecto político de la clase trabajadora, que no quiere decir de un proyecto de partido. Yo estoy convencido de que la CTA no se fracturó porque unos hacíamos una lectura positiva de esta etapa, y otros decían que Néstor Kirchner y Cristina eran neoliberales enmascarados que nos robaban las banderas y que nos entregaban al imperialismo. Esa no fue la razón de la fractura. La razón fue que hubo un sector que quiso convertir la CTA en la rampa de lanzamiento de una candidatura y de un proyecto político partidario; convertir un frente de unidad de trabajadores en la cocina de un partido político. Y ahí sí nos fracturamos. Porque acá, en esta misma asamblea, podemos tener esenciales coincidencias en dos o tres temas. Pero si nos ponemos a hilar fino hay diversidad, tenemos distintas miradas, entendemos de distintas maneras hasta nuestra adhesión a los gobiernos populares y democráticos. Tenemos distintas formas de ver la realidad. Y eso es bueno que exista. Tiene que existir diversidad, debate, construcción del pensamiento crítico, y el pensamiento crítico no se construye con obsecuencia, agachando la cabeza cuando un dirigente habla. En la CTA, cuando se habla, es ser protagonista pero en serio, no es ser protagonistas enterarse por los diarios que el día jueves está convocado un paro. Ser protagonista es discutir desde la fábrica hasta la asamblea final cada uno de los pasos que da la Central y definir el mandato. Porque si algo le da sentido a nuestra posición acá adelante, es el mandato de ustedes; sin el mandato de ustedes nosotros no seríamos absolutamente nada en esta realidad.

Compañeros, creo que hay que encarar esta etapa mirando no solamente lo que nos pasa a nosotros. Hay que abrir la cancha y sentir que si un gobierno popular y democrático de América Latina es derrotado por la derecha y finalmente cae frente al sabotaje, al desabastecimiento, frente a las provocaciones, frente a todos los actos que se orquestan muchas veces desde una embajada yanqui, para tratar de debilitar a nuestro gobierno, si uno solo de ellos cayera, sería una derrota para el conjunto. Yo no me imagino la construcción de la unidad de América Latina con un triunfo de la derecha en la Argentina, porque lo primero que harían es salir corriendo para Washington, entrar de rodillas en la Casa Blanca y pedir perdón.

Tenemos que sentir que el campo de la disputa trasciende las fronteras de nuestro país, y se está dando en todo el continente, pero también en el mundo. Por eso nosotros hemos sido claros cuando estuvimos en la embajada de Palestina. Hay que denunciar el crimen que significa el asesinato bajo los bombardeos de miles y miles de civiles inocentes, porque ese juego es el juego del imperialismo, el juego del genocidio que no podemos permitir. Hay que defender la causa de los palestinos como si fuera propia. Tenemos que impulsar una campaña internacional, para que todas las centrales del mundo se unifiquen, tratando de parar esa masacre, ese verdadero genocidio. Y tenemos que hacer lo mismo cada vez que en algún lugar del mundo, un pueblo, una nación sean atacados por los poderosos. Cada nación que ellos logran doblegar es una derrota para el conjunto de la clase trabajadora. Así entendemos nosotros el compromiso internacionalista. Para nosotros el internacionalismo no pasa por ir a hacer la cola en las reuniones de los grupos empresarios en Davos, a ver si nos tiran alguna monedita y los dirigentes sindicales que se anotan para ir al lado, y hacen cola en los bares de la esquina a ver si los dejan entrar un ratito. Eso es mendigar. El internacionalismo nuestro es el de la construcción de un proyecto superador, que le diga no al imperialismo, a la explotación, al asesinato de un compañero en cualquier lugar de la Tierra.

¡Fuerza! A vivir con alegría este momento de lucha porque nos pone en el centro de la historia para garantizar la continuidad del proceso de transformación, con la consolidación de la democracia, con esta CTA. ¡Fuerza y el 18 de noviembre vamos a demostrar que el movimiento obrero está de pie!

Fuente: Prensa CTA http://www.cta.org.ar/discurso-de-hugo-yasky-3287.html

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